Tierra de Astorga…
La Cabrera…
Tierra de Sahagún…

 

 



 

 

«La arriería maragata llegó a formar un grupo exclusivo, organizado en base al respeto mutuo en lo relacionado con el negocio...»

«Todo el mundo se fiaba de un maragato, pues la absoluta confianza era su seña de identidad...»

Castrillo de los Polvazares
«Hasta tal punto eran de fiar los arrieros maragatos, que la Corona les llegó a encargar desde la recaudación de tributos, hasta el transporte del oro de las Indias desde puerto hasta Madrid, mercancía que los arrieros defendían con su vida.»

CASTRILLO DE LOS POLVAZARES
El pueblo arriero por excelencia, y uno de los más hermosos de León, no existe una sola casa fuera de la tipología arriera, o al menos construída en pizarra como la mayoría en La Maragatería...

ORÍGENES Y OCASO DE LA ARRIERÍA

Fue Ordoño I de Asturias (850-866) quien comenzó La repoblación de los futuros reinos de León y Castilla. Estos requerían suministro de alimentos de mar, lo que empujó a los arrieros a las costas gallegas, en busca de pescado.
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Los arrieros astorganos -también los hubo en el Páramo- fueron de los primeros que se lanzaron a los caminos con sus recuas de mulas, lo que les procuró que, en 1367, Enrique II de Castilla otorgara a la ciudad privilegios y exenciones  para el transporte de mercancías. Ello a su vez hizo que arrieros de otras zonas se establecieran en Astorga y las cercanías.

Tras siglos de prosperidad transportando toda clase de alimentos, tejidos, jabones, dinero, oro, documentos y viajeros, la llegada del ferrocarril dio un vuelco al transporte de mercancías. La seguridad y rapidez del nuevo medio, acabó en pocos años con un sector económico y un modo de vida casi intacto desde la Edad Media.

Con todo, muchos de los hábiles arrieros supieron adaptarse a las nuevas circunstancias, aprovechando su experiencia con el pescado y fundando en algunos casos prósperas industrias conserveras. El caso más conocido es el de la familia Calvo, de origen maragato.

LOS ARRIEROS

En cuadrillas de hasta una treintena de carros y carretas, los arrieros recorrían los caminos de casi media España en jornadas de entre 15 y 30 kilómetros al día, de abril a diciembre. El resto del año, el ganado descansaba.
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Así, agrupados en tan imponentes caravanas, contratados por reyes, condes y duques, y defendidos por temidas cuadrillas remuneradas por los propios empresarios arrieros, estos se convirtieron en los dueños y señores de los caminos de todo el norte peninsular.

Se les respetaba más que a la nobleza, pese a que sus mercancías podían ser verdaderamente tentadoras: el prestigio y la honradez de los maragatos era tal, que se les encargaba el transporte de cualquier cosa, incluso oro, con la seguridad de que no faltaría una sola moneda.

La arriería maragata llegó a formar un grupo absolutamente exclusivo, organizado en base al respeto mutuo en lo relacionado con el negocio, como los lugares de compra o los precios de venta. Todo el mundo, se fiaba de un maragato, pues la absoluta confianza era su seña de identidad. Hasta tal punto eran de fiar, que la Corona les llegó a encargar desde la recaudación de tributos hasta el transporte del oro de las Indias desde puerto hasta Madrid, mercancía que los arrieros defendían con su vida.

Santiagomillas
SANTIAGOMILLAS
Otro de los grandes conjuntos de esa arquitectura tradicional maragata, bella, sobria, recia, que viste la comarca con su particular magia...
Museo de la Arrieria, Santiagomillas
MUSEO DE LA ARRIERÍA
La arriería, ese gremio extinguido, mítico, tiene en Santiagomillas un lugar donde acercarse un poco más a su historia...
Santa Colomba de Somoza
SANTA COLOMBA
DE SOMOZA
Otro de los grandes pueblos maragatos, y donde admirar la hermosa arquitectura de sus casas arrieras, junto a una farmacia del XIX...

Batan-Museo de Val de San Lorenzo

 
BATÁN-MUSEO TEXTIL VAL DE SAN LORENZO
 Dedicado a la elaboración de mantas de la Maragatería,  uno de los mejor dotados, conservados y explicados de  León.
 El Batán-Museo, sin estar directamente ligado a la  arriería, no deja de ser una visita imprescindible...

LOS CAMINOS

Tan bien organizados eran los arrieros, que pese a las temibles condiciones de los caminos siglos atrás, se ajustaban a rutas, etapas, tipos de caballería u hospedajes, según las necesidades de los clientes.
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Se sabe a través de la documentación guardada en iglesias o ayuntamientos, que el camino que atravesaba la Maragatería se llamaba  Calzada o Camino Real, Carrera de Galicia o Camino Gallego, y que sus paradas principales, a partir de Palacios de la Valduerna, en el Páramo, eran Morales, Val de San Lorenzo, Val de San Román, San Martín del Agostedo, Pedredo, Rabanal del Camino y Foncebadón, donde la Maragatería da paso a El Bierzo coincidiendo con el Camino de Santiago.

De igual modo y según el cliente, la rapidez del transporte podía variar entre las dos semanas de las lentas mulas para el pescado en salazón, hasta los tres o cuatro días para llevar a caballo pescado fresco a la casa real, especialmente en invierno.

En la mayoría de paradas en todo el trayecto de Galicia a Madrid había ventas establecidas para los arrieros y mantenidas por los concejos, y ya en la capital, los maragatos tenían sus propios mesones   y hospedajes, como el llamado “Mesón de Maragatos” de la calle Segovia.


LOS ARRIEROS VISTOS POR LOS VIAJEROS EXTRANJEROS...


Varios escritores de viajes, periodistas y otros extranjeros que visitaron la España de siglos pasados, también se dejaron impactar por el rigor y seriedad de los arrieros.
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Así lo documentó el hispanista británico Richard Ford, que escribió:

«Son tan nómadas como los beduinos, sin mas diferencia que llevan mulas en vez de camellos (…) cobran caro pero su honradez compensa (…) son los que hacen todo el tráfico entre Galicia y las dos Castillas, y por rara excepción llegan a las provicias de mediodia y levante».

También el escritor y viajero londinense George Borrow en las crónicas de sus viajes aseguraba:

«Casi todo el comercio de una mitad de España está en manos de los maragatos, cuya honradez es tal, que cuantos han utilizado sus servicios no vacilarían en confiarles el transporte de un tesoro desde el Cantabrico hasta Madrid…».


Según una anécdota, Isabel II confió a Santiago Cordero («el Maragato Cordero») el transporte de los tubos llegados de Inglaterra para la construcción del canal que aún lleva su nombre.

Por aquella época el precio de la cebada –alimento básico de las caballerías- se disparó, lo cual puso en aprietos económicos al Maragato Cordero, que aun con derecho a subir el precio de sus servicios, lo mantuvo alegando que "la palabra del maragato ha de cumplirse siempre y más si se le ha dado a una dama como es la reina".







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