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Peñalba de Santiago
Peñalba de Santiago (Ponferrada)

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La piña de casas tradicionales de corredor de Peñalba de Santiago se enrisca en una de las laderas de este valle, teniendo como fondo la cabecera del mismo, que recibe el nombre, en clave romántica, de Valle del Silencio.

La cabecera del río Oza, uno de los dos que discurren por la Tebaida, constituye el llamado Valle del Silencio. El rincón más recóndito de la Tebaida, el más cercano a las altas cumbres de los montes Aquilanos, el más inaccesible y el más cautivador.

A sus pies se levanta la bellísima aldea de Peñalba de Santiago, racimo de preciosas casas tradicionales de corredor rodeando a una de las más sencillas y hermosas iglesias mozárabes de todo el noroeste peninsular.

El nombre del valle lo explica todo. Evoca el absoluto aislamiento natural del enclave, pero también la antiquísima tradición de espiritualidad y meditación de cada una de sus cuevas (ver La Tebaida).

Junto al santo visigodo Fructuoso (siglo VII), el otro personaje símbolo de la Tebaida y especialmente al Valle del Silencio es el santo Genadio en el siglo X, ya en tiempos del Reino de León.

El pueblo y su arquitectura

Peñalba constituye uno de los ejemplos mejor conservados de la personalísima arquitectura tradicional del occidente leonés.

Restaurado impecablemente en los años 90, tal vez haya perdido ese halo de misterio y oscuridad, pero se ha convertido en un verdadero pueblo museo, donde no falta la extraordinaria iglesia mozárabe, la arcaica arquitectura y el imponente paisaje. Visto desde la distancia, toman sentido las palabras del que fuera cronista de León, Luis Pastrana «… las casas, piedra gris y lajas de pizarra en el tejado, forman parte de la tierra».

El diminuto caserío de Peñalba ocupa actualmente el solar del monasterio erigido por San Genadio hacia el año 905, y del que sólo ha quedado la magnífica iglesia mozárabe que hoy puede admirarse.
Únicamente las catas arqueológicas realizadas en los alrededores pueden dar pistas sobre la ubicación aproximada de algunos de los elementos del monasterio.

La estructura urbana de la diminuta aldea distingue tres zonas de diferente antigüedad y origen:
  • La zona al este de la iglesia, la parte más alta, se originó del poblado surgido a la sombra del monasterio.
  • La zona norte ocupa el solar de las antiguas dependencias del monasterio –según los cimientos hallados, y las piedras labradas de mármol aprovechadas para la construcción de las viviendas existentes-.
  • La zona sur, frente al pórtico de la iglesia, donde se encontraban las huertas y cementerio monásticos.

La calle Real, la más elegante y popular con su hilera de corredores casi ininterrumpidos, es probablemente la más moderna.

Las casas, todas de pizarra, suelen ser rectangulares aunque muchas con esquinas redondeadas, elemento muy arcaico, evolucionado desde la vivienda castreña (pallozas).
Suelen tener dos plantas:

  • La inferior, con la bodega, cuadra y almacén agrícola.
  • La superior, con la vivienda y presentando los típicos corredores, la mayoría de ellos cubiertos de madera, algunos abiertos con balaustrada.

Es de destacar la Casa de los Diezmos, restaurada en los últimos años, donde se guardaba la décima parte de la cosecha con la que  cada vecino contribuía al sostenimiento del Obispado de Astorga.

Lo que dijeron de estos parajes…

… Pascual Madoz, en las amenazadoras descripciones de (s. XIX) de su ascenso por el Oza hacia Peñalba:

" ...allá un desfiladero peligroso del cual se desprenden continuamente peñascos; acullá un horroroso precipicio cuya vista espanta; luego una plácida pradera esmaltada de flores y cubierta de árboles frutales; y el todo encerrado entre las cumbres Aquilinas y las sierras que de ellas se desprenden".

… Rollán Ortiz en su libro "Iglesias mozárabes leonesas" (1976), dice:

"Peñalba de Santiago es, como el de Montes, un pueblo detenido en un lejanísimo día medieval, en mitad de un pródigo derroche de la naturaleza".

… Luis Pastrana en su obra "Provincia de León" (1980):

"Pocos lugares hemos conocido como Peñalba. Las casas, piedra gris y lajas de pizarra en el tejado, forman parte de la tierra; sus mismas gentes son los personajes indispensables de un cuadro insólito".

… el periodista y escritor Pedro G. Trapiello, en su última "Guía de León" (1992):

"El pueblo es en sí mismo y en sus gentes un capítulo bastante puro de la etnografía leonesa. Si fascina el lugar, su iglesia embelesa ".

El entorno

Como se ha dicho, el valle del Silencio, al pie mismo de las cumbres de los montes Aquilanos, es lo más evocador del hogar de las divinidades célticas que habitaban estos lares antes de ser expulsados por la llegada del Cristianismo.

Aunque los llamados Montes de León suelen considerarse como una cordillera de segunda clase, un vistazo desde el mirador-aparcamiento de la entrada de Peñalba tira por tierra esa idea: estos montes no tienen absolutamente nada que envidiar a cualquier valle de la cordillera Cantábrica.

Desde aquí se da vista a las peñas más próximas –Cueto, Cruz del Pico y La Fraga-, y a las altas cumbres de los montes Aquilanos –Cabeza la Yegua, las Berdiainas, Pico Tuerto, y el rey de estos montes, Pico Aquiana- todos ellos por encima de los 2100 metros, y casi todos nevados hasta bien entrado junio.

Las laderas del valle del Oza -con su cabecera, llamada Valle del Silencio- se tapizan de robles, encinas, chopos, genistas, urces, carqueixas, castaños, nogales, y un sinnúmero más de especies vegetales, que regalan cuadros diferentes según la estación del año; se encuentran habitadas por jabalíes, corzos, ginetas, zorros,
lobos, hurones, sin olvidar las 140 especies de aves que pueblan su espacio aéreo.

Un panel explica brevemente algunos aspectos del entorno, y alguna ruta de senderismo cercana.

La cueva de San Genadio

Es imprescindible el corto y delicioso paseo de un par de kilómetros que llega hasta la cueva que habitó el eremita Genadio, fundador de varios monasterios en la Tebaida, más tarde Obispo de Astorga, después nuevamente eremita y finalmente elevado a la santidad.

Saliendo junto al pie de la iglesia, una vereda conduce, entre pequeñas parcelas de labor, sotos de castaños, nogales y chopos, junto al alegre y aún joven río Oza, hacia el pie de un vertical farallón rocoso, en la ladera opuesta al pueblo. Justo allí, en una espaciosa cueva protegida por barrotes, se ha instalado un altar recordando el lugar donde Genadio se retiraba a meditar hace un milenio.

Aquí también sucedió, según la leyenda, que el mismo santo exclamando “¡Cállate!”, ordenó al río sumergirse bajo las piedras para respetar el silencio de su meditación.

Hacia la mitad del camino hacia la cueva, se puede escoger el camino que cruza el río para ascender por la ladera opuesta del valle en dirección a un alto collado, conocido como El Carballal, que da paso al valle contiguo donde se asienta Montes de Valdueza con su monasterio San Pedro de Montes.

Los primeros kilómetros de ascenso por este camino ofrece una nueva e inolvidable vista de Peñalba de Santiago desde la vertiente contraria del valle.

 


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 Fuente:  
David Gustavo López, “Peñalba de Santiago” Ed. Edilesa
www.turismocastillayleon.com
es.wikipedia.org
reinolvidado.blogspot.com



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