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Leon MedievalLa luz del GoticoEl Brillo del Renacimiento

Catedral de León
León

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Llamada "Pulchra Leonina" (Bella Leonesa), la Catedral de Nuestra Señora de Regla de León se encuentra entre las tres más importantes de la península, junto a las de Burgos y Toledo. Su extraordinario conjunto de vidrieras la eleva incluso al nivel de las más reconocidas catedrales europeas.

Con un diseño delicadísimo, al límite de la resistencia de materiales, desafiando la gravedad y el equilibrio de cada sillar, se la ha descrito como una obra de orfebrería en piedra; sin duda esa es la sensación que se percibe al contemplar, no sólo la fachada principal, sino cualquiera de sus ángulos, bien sea la interminable fantasía de la cara sur, el esbelto ábside principal visto desde el este o la desconocida fachada norte oculta por el claustro.

Situada en la explanada peatonal formada por la Plaza de Regla, la prolongación de la calle Ancha y las calles de San Lorenzo y de los Cubos, la Catedral emerge en una de las zonas más animadas de la Ciudad, el Casco Antiguo, donde se conjuga el recoleto y misterioso aire medieval de sus estrechas callejas con el ambiente de tabernas tradicionales, acogedores cafés, restaurantes de gran diversidad de estilos, y pequeños y románticos hoteles.


HISTORIA

Otras dos catedrales se erigieron sucesivamente en la privilegiada colina interfluvial antes que la Pulchra. Y aún antes, unas termas romanas del siglo II ocupaban el solar, de las que aún persisten algunos restos bajo el actual templo.

La primera catedral, románica, se edificó sobre ellas en 916, y con ella el rey Ordoño II quiso celebrar y agradecer a la divinidad su victoria sobre los árabes en San Esteban de Gormaz. Resistió la destructora acometida de Almanzor en 999, aunque pervivió algunos años en precaria situación.

La segunda fue consagrada en 1073, gracias al próspero reinado de Fernando I, que también edificó la Basílica de San Isidoro, para albergar los restos de San Isidoro de Sevilla.

Precisamente la Catedral se erigió como un intento de conservar algo del prestigio y el poder de los que aún gozaba la ciudad de León a comienzos del siglo  XIII.

La tercera -la que ha llegado hasta hoy-, comenzó a levantarse hacia 1230, coincidiendo con la muerte de Alfonso IX, último rey de León, y por tanto con la desaparición definitiva del Reino al unirse al de Castilla bajo la corona de Fernando III.

El templo mayor se cobró como tributo parte de la Muralla, sobre la cual descansa la cabecera, y también la entrada oriental de la ciudad, la Puerta Obispo (Porta Principalis Sinistra), de la cual sólo quedan hoy dos gruesos zócalos junto a la fachada sur y la entrada a la cripta del mismo nombre; todo ello dispone de paneles explicativos en la calle.

ARQUITECTURA

La más famosa leyenda de la Catedral cuenta que un enorme topo maligno «cada noche, cuando los constructores descansaban, minaba los cimientos del edificio, arruinando el trabajo del día». Tras darle caza, colgaron su pellejo sobre la puerta de San Juan por el interior, donde todavía puede contemplarse.

Y como toda leyenda tiene su substrato de realidad, la del topo nos habla de las constantes dificultades que revistió la construcción de la seo. Tan exquisito diseño no puede resultar gratuíto, y ya desde el siglo XIV la historia de la Catedral está plagada de restauraciones, reconstrucciones y amenazas de ruina hasta hoy, cuando los andamiajes interiores y exteriores siguen siendo una constante del paisaje de la plaza de Regla.

Parte del mérito del templo reside en haber resistido ocho siglos construído con el peor material posible, la arenisca de Boñar -localidad de la Montaña Oriental a unos 45 km al norte de León- especialmente sensible a las humedades y filtraciones.
A ello se une que el subsuelo está taladrado por hipocaustos romanos del siglo II, lo que causó problemas ya desde la propia cimentación.

Y con todo, los leoneses se empeñaron en levantar su catedral, no la más grande, pero sí «la más bella de la cristiandad», la más luminosa, la más liviana. Llevaron la experiencia constructiva hasta sus límites, reduciendo al máximo los grosores de columnas, contrafuertes y arbotantes, sustituyendo literalmente muros de piedra por paredes de vidrio, sujetando bóvedas con las más delgadas nervaduras de piedra.

Así, ya desde el siglo XIV se vienen sucediendo derrumbes de bóvedas, hastiales y capillas, incendios, alguno bastante reciente, y hasta el terremoto de Lisboa de 1755 puso su granito de arena sobre los contínuos desastres al destruir parteluces y vidrieras. Con ello se alternan nombramientos de urgencia de los más afamados expertos del momento, que con diverso acierto desmontan, añaden, sustituyen y rehacen toda suerte de elementos estructurales.

En la pequeña capilla junto a la puerta de San Juan, varios paneles y una infografía muestran con claridad cada actuación a lo largo de los siglos por parte de Juan Naveda, Joaquín de Churriguera, Giacomo de Pavía, Sánchez Pertejo, Matías Laviña, Hernández Callejo, Juan Madrazo y Demetrio de los Ríos junto a Juan Crisóstomo Torbado, que consiguen mantener viva la joya gótica hasta hoy, lo que de ningún modo garantiza que la Catedral esté por fín a salvo.

Tanto es así que aún hoy, al contemplar el pellejo de la puerta de San Juan, más de uno se pregunta: "¿seguro que el topo ha muerto?".

LAS VIDRIERAS

Elemento cumbre de la Catedral de León, sus 1800 m² de luz y color constituyen por sí solos un motivo que justifica cualquier viaje. Indiscutiblemente el mejor conjunto de vitrales góticos de la península, hay autores que se atreven a considerarlas las mejores del mundo, «aunque más por la sensación de luminosidad -puntualizan- que por la unidad temática y cronológica, aspecto en el que tal vez se vean superadas por Chartres o Colonia».

Tal es su valor que en varias ocasiones se ha solicitado a la Unesco su declaración de Patrimonio de la Humanidad, si bien lo insólito es que se haya negado la declaración al edificio en su conjunto, aduciendo que forma parte del Camino de Santiago, ya declarado.

El programa temático del conjunto vitral, leído de abajo hacia arriba, presenta el orden propio del gótico de la jerarquía en la Creación: en las vidrieras más bajas, por encima del zócalo de piedra que representa el mundo mineral, aparece el mundo vegetal; a continuación, en las rosas de las mismas ventanas, los vicios y virtudes de hombres y mujeres, para continuar en las vidrieras del triforio con motivos heráldicos, y terminar en los vitrales más altos con elementos sobrehumanos y divinos. Estos ventanales superiores, además, dividen la historia Bíblica en las del lateral norte, donde nunca da el sol, con escenas del Antiguo Testamento; las del sur, constantemente iluminadas, con escenas del Nuevo Testamento, y todas ellas convergiendo en el ábside o cabecero, con representaciones del Pantocrátor, la Genealogía de Cristo o los Apóstoles, iluminadas desde Oriente por el sol matutino.

La antigüedad de los ventanales es de lo más diverso, variando desde el mismo siglo XIII -contemporáneas por tanto de los primeros sillares del templo- o XIV -tiempo de esplendor de la artesanía del vidrio-, hasta el siglo XIX, época de restauraciones masivas.

CORO

Si algo salta a la vista en el momento de entrar en la Catedral y antes que ninguna otra cosa, es otro formidable ejemplo del renacimiento español: el trascoro, lugar de albergue del coro y el órgano, y concebido a modo de un gran arco de triunfo, y situado casi en el medio de la nave central.

Planeado por Juan de Badajoz el Mozo, uno de los sobresalientes autores del claustro, impresionan tanto las esculturas de Esteban Jordán y Bautista Vázquez, como la profusa decoración renacentista, mezclando temas bíblicos, mitológicos y fantásticos.

El coro propiamente dicho, una de las más bellas sillerías de España, es a la vez una de las más antiguas, datada en la segunda mitad del siglo XV. Su autor es el flamenco Jusquín, aunque la talla de las sillas en nogal negro de El Bierzo viene firmada por el también flamenco Juan de Malinas, y por Diego Copin de Holanda.
En forma e iconografía responde al modelo de las sillerías europeas, y es claro punto de referencia para las posteriores de Oviedo, Zamora y Astorga.

Estuvo ubicada en el presbiterio desde 1467 hasta 1746, año en que fue trasladada hasta su actual emplazamiento.

Presenta dos órdenes de asientos, inferior -dedicado a beneficiados y cantores- y superior –canónigos y huéspedes-, con acceso a éste último por escaleras. Cada uno de dichos asientos constan de una banqueta abatible, apoyada sobre una pieza llamada paciencia o misericordia, la de mayor interés del coro por la explícita temática profana que representan en sus labrados.

Y es en el examen minucioso de los exquisitos labrados en madera donde reside el valor del coro leonés, no sólo por la calidad artística de la talla, sino por las conclusiones extraídas del hecho de que la Iglesia permitiera imágenes de actitudes pecaminosas, incluídas las eróticas, tan explícitas en el corazón de su templo mayor.
La mezcla de imágenes religiosas y profanas no escandalizaban ya incluso en los tiempos del románico, pues adornaban las orlas de libros de Horas y libros corales, en pleno uso por los clérigos, así como los capiteles de los claustros e interiores de los templos.

En el blog cosinasdeleon.blogspot.com se explican las tallas profanas y su contexto social:

« Escenas Profanas. (…) los asuntos son de origen muy diverso: bestiarios, alegorías, literatura -culta y popular-, historia, costumbres, etc. que critican vicios y exaltan virtudes, no poniendo reparos en expresar los primeros en la forma más realista sin rehuir lo obsceno y lo erótico. (…)             Leer más...

El contexto de la sillería es el de moralizar y advertir al hombre por medio de ejemplos, edificantes algunas veces en los relieves religiosos y evidenciando la fealdad del pecado en los profanos. (…)

El entorno histórico, religioso y social en que fueron ejecutadas las sillerías queda magníficamente expresado en ellas; nada escapa a su intención aleccionadora, y de ahí su carácter universal, atemporal y su vigencia, como testimonio de un espíritu de época que se caracteriza, sobre todo, por percibir un vacío que no se sabe cómo se va a llenar, y frente al que la gente reaccionó con dos fenómenos típicos, el ansia de los goces sensuales y la desvalorización de la muerte. (…)

Hay que pensar que los temas de las sillerías son una actualización del mensaje y contenido bíblico adaptado a las necesidades de la época, pues en ambos son comunes los pasajes bíblicos, los profetas, los héroes, las parábolas, los proverbios, las alegorías, el simbolismo animal, los sucesos históricos contemporáneos y la no exclusión del realismo y lo erótico, si están al servicio de una enseñanza moralizadora.»

 

SILLAS BAJAS
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Protagonistas del Antiguo Testamento (sibilas, profetas, héroes y heroínas).

Especie de "catecismo" profano representado en los brazos y misericordias.

Figuras de medio cuerpo, identificadas.

Orden de colocación distinto del texto bíblico, bien por traslados de la sillería, bien por el desorden típico de las sillerías en general.

No obstante, en el orden de los santos hay concordancia, a veces seguidos, a veces enfrentados a ambos lados de la sillería.

Se reseñan algunas de las sillas más representativas:

Silla 2: Sibila Tibuitina, de bellísima ejecución, que profetizó sobre la venida y Pasión de cristo, simbolizadas por el Pelícano de su diadema.

Silla 6: Jeremías, de los "grandes profetas", que profetizó la ruina de Jerusalén, de Egipto y la matanza de inocentes, y exhortó al pueblo a la penitencia.

Silla 10: Tobías, quien portó un pez con cuyas escamas curó la ceguera de su padre. Dios le reveló sucesos futuros y es ejemplo de la fe en las palabras divinas.

Silla 15: San Juan Bautista, con una filacteria con las palabras "Ecce Agnus Dei". Último profeta del Antiguo Testamento y primero del Nuevo.

Silla 17: Moisés, protagonista del Éxodo, representa a la Jerusalén militante con las tablas de la ley, y los cuernos como resplandores que prefiguran el Evangelio.

Silla 23: David con el arpa entonando el himno de acción de gracias al Señor cuando le libró de sus enemigos.

Silla 26: Judith, una de las mujeres fuertes de la Biblia, que se ofreció a matar a Holofernes, enviado por Nabucodonosor para subyugar a su pueblo.

SILLAS ALTAS
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Evangelistas, apóstoles, padres de la Iglesia, diáconos, fundadores de órdenes religiosas y santos universales y locales.

Orden de colocación distinto del texto bíblico, bien por traslados de la sillería, bien por el desorden típico de las sillerías en general.

Se mezclan con alusiones al Antiguo Testamento.

Se reseña un ejemplo de cada una de las jerarquías aludidas.

En el testero, dos relieves:
Visitación de la Virgen a Santa Isabel, y Cristo bajando al limbo para liberar a Adán y Eva.

Antiguo y Nuevo Testamento se dan la mano en esta zona.

Se reseñan algunas de las sillas más representativas:

Silla 59: San Pedro aparece con sus atributos personales, el libro y las llaves.

Silla 50: San Pablo con el libro de las Epístolas y la espada con la que persiguió a los cristianos antes de su conversión.

Silla 62: San Juan apóstol y evangelista, quien después de escuchar al Bautista fue llamado por Cristo convirtiéndose en discípulo predilecto.

Silla 72: María Magdalena, derramando perfume sobre los pies de Cristo en casa de Simón.

Silla 70: San Jerónimo, retirado al desierto a hacer penitencia, cuyos méritos intelectuales lo convierten en cardenal doctor de la iglesia. Tradujo la Biblia al latín, y se le representa -como en esta sillería- de cardenal, con el libro, y un león a sus pies evocando uno de sus milagros.

Silla 37: Santa Catalina  con la corona -atributo real, el libro -el de doctora- y la rueda con cuchillos con que fue martirizada.

Silla 65: San Esteban, con su indumentaria de diácono -ayudó a los Apóstoles-, el libro y las piedras con que fue martirizado a su lapidación.

Silla 38: Como fundador de la orden mendicante, San Francisco de Asís, muestra los estigmas.

Silla 71: Santo Domingo de Guzmán, fundador de la de predicadores, con el lirio de la pureza, el libro, y el perro que sujeta la antorcha alusiva a su sabiduría divina.

Silla 61: Santiago, como peregrino representado con veneras y zurrón.

Silla 66: San Sebastián, oficial de la guardia de Diocleciano, cubierto por hábito y manto, con los atributos del arco y la flecha.

Silla 74: Santa Cristina, de devoción más local, con los símbolos de su martirio, la piedra de molino y las flechas como san Sebastián.

Silla 58: Noé portando el Arca, en el que el tallista muestra gran capacidad de abstracción.

CLAUSTRO

No hay lugar para el aburrimiento en el claustro catedralicio leonés: capiteles, pinturas murales, puertas de madera, bóvedas y retablos están cargados de escenas y narraciones bíblicas, gastronómicas, lúdicas, bélicas, cinegéticas, agrícolas, genealógicas, biográficas y mitológicas.

Si el interior del templo se ajustó a la más rigurosa limpieza del gótico, los artistas volcaron en el claustro lo más exhuberante que les permitió su propia inspiración. Así, este cuadrado de 30 metros de lado construído durante el primer tercio del siglo XIV, presenta una deliciosa combinación de lo medieval y lo renacentista, con alguna tendencia a lo barroco, representando una de las obras fundamentales del renacimiento leonés.

Cabe destacar la obra de Juan de Badajoz el Mozo, especialmente las bóvedas cuajadas de elementos decorativos y el retablo del ángulo nordeste, así como su amplio conjunto funerario, desacostumbrado en otros claustros españoles.

¿Patrimonio de la Humanidad?

Sí, entre interrogaciones, pues aún nadie ha dado una respuesta realmente coherente al hecho de que la de León no se cuente entre las catedrales con el tan traído y llevado título de la Unesco.

Con tanta categoría como Burgos, Toledo, Amiens, Reims o Chartres, que sí figuran, León ha intentado durante años sumarse al prestigioso elenco sin conseguirlo; pero no sólo al edificio catedralicio le ha sido una y otra vez negado el reconocimiento, sino también al conjunto de vidrieras por sí


solo, para el que igualmente se ha solicitado en repetidas ocasiones.

En todos los casos, la única respuesta de la Unesco es que «ya está reconocida como Patrimonio de la Humanidad al ser parte del Camino de Santiago, que sí disfruta del título».

Lo arbitrario de este razonamiento hace que la Catedral de Burgos o la ciudad de Santiago se beneficien del nombramiento por partida doble, al haber sido declaradas anteriormente al Camino de Santiago.

 


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Misas……http://www.misas.org/p/santa-iglesia-catedral-leon

Precio……Entrada general: 5€
Bono 1 año: 6€


5 €
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Entrada gratuita
6 €
Entrada individual  
Entrada individual 
(grupos, jubilados, estudiantes)
Entrada escolares
· Menores de 12 años 
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Tarjeta de la Catedral (validez anual  

    


Teléfono del obispado………..987 21 96 80
Web…………………………….www.catedraldeleon.org
Dirección……………………….Plaza de Regla, s/n - 24003




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 Fuente:  
www.catedraldeleon.org
es.wikipedia.org/wiki/Catedral_de_Leon
www.artehistoria.jcyl.es/artesp/contextos/7307.htm



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